"Reconciliación" por Josep Antoni Duran i Lleida 03.11.2017
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"Reconciliación" por Josep Antoni Duran i Lleida 03.11.2017
El filósofo Ferrater Mora, en su ensayo Las formas de la vida catalana, describió cuatro virtudes en la conducta de los catalanes: la continuidad, el seny, la mesura y la ironía. Repasando las acciones del Govern de Catalunya en los últimos meses, resulta difícil reconocerlas. La esperpéntica y dramática semana pasada provocó en muchos hilaridad, indignación, desazón, impotencia, angustia... Y enorme perplejidad en el exterior.
No ha habido continuidad, sino ruptura violenta de la legalidad. La prudencia congénita al seny ha brillado por su ausencia. Ni la cordura ni el realismo han condicionado la mesura del unilateralismo. Al contrario, cuando estas asomaron en la decisión del expresidente de la Generalitat de convocar elecciones para evitar el 155, fueron aniquiladas por la ira de las redes sociales –que no de la sociedad– y el vértigo le retractó del único acto sensato de los últimos tiempos. Puigdemont fue un damnificado más del odio que destila e impone el autoritario extremismo independentista. Algunos hace tiempo que lo percibimos, aunque para él fuera una novedad. Y por supuesto, la semana dramática equiparó ironizar con confundir y no con discernir.
Estos días, en los que el recuerdo del president Tarradellas ha sosegado nuestra memoria, vale la pena evocar dos de sus máximas. “En política se puede hacer todo menos el ridículo” y “hay cosas que se pueden hacer; cosas que no se pueden hacer, y cosas que no se pueden hacer y además es mejor no intentar hacerlas”. Pues eso, lo hecho estos días no se podía hacer, era mejor no intentarlo y por haberlo intentado lo único conseguido es hacer el ridículo.
La tocata y fuga de Puigdemont a Bruselas destrona definitivamente la épica de la nonata república catalana para dejarla sumisa en el más profundo de los dramas. El surrealismo ha llevado a sustituir Ítaca por Bélgica. ¡Ahora sólo nos faltaría ser los causantes de una crisis política que rompiera el frágil equilibrio entre flamencos y francófonos! En la UE se van a acordar durante mucho tiempo de Catalunya. ¡Y no para bien!
La historia juzgará, con severidad, acciones y omisiones de la política y de la sociedad de los últimos años. De Catalunya y de España. Pero la prioridad está en el presente y esta pasa por la reconciliación. Si alguien aspira a renovar los viejos demonios de ganadores y vencidos, podrá regocijarse hoy, pero no se librará de ser víctima del mañana.
Reconciliación política y social, empezando por nuestra Catalunya. ¿Se acuerdan de la campaña “Som 6 milions”? ¿O del lema “Som un sol poble”? Pues ambos han saltado por los aires. ¿Existe conciencia del grave atentado contra la cohesión social que se ha perpetrado? ¿Se es consciente de que personas que teniendo como lengua materna el castellano y habiendo adoptado el catalán, hoy en día, frente a tanto fanatismo y sectarismo no están dispuestas a seguir haciéndolo? ¿Se ha reparado en el daño ocasionado a nuestro sistema educativo por el hecho de que algunos hayan alentado en las aulas la adhesión al proceso? ¿Alguien piensa que TV3 seguirá siendo un instrumento de cohesión en los próximos años? Será –lo es ya– la nostra de algunos, pero no de todos.
Nunca he compartido, pero siempre me impresionó, la frase repetida por el coronel Dax en la película Senderos de gloria: “El patriotismo es el último refugio de los canallas”. El patriotismo es, en sí mismo, un sentimiento noble, pero sacrificar al altar de la patria la cohesión de nuestra sociedad es una canallada. Y esto va mucho más allá de la propaganda, la ignorancia, la mentira o la vulneración de la legalidad a la que nos han acostumbrado. No se trata de obligar a nadie a pedir perdón, pero todos debemos hacer examen de conciencia de por qué hemos llegado a este extremo. Y exigirnos firmemente orientar nuestros esfuerzos, por encima de la soberbia, a restablecer la unidad de nuestra sociedad.
Reconciliación con el resto de España. Será más difícil ahora que antes. ¿Han sido capaces de percibir los dirigentes independentistas que del “España nos roba” hemos pasado al “ Cataluña ha recibido demasiado”? Ya sé que no es cierto ni lo uno ni lo otro, por mejorable que sea el sistema de financiación. Y sí, sí sé que también más allá del Ebro algunos deben recomponer el afecto y el respeto hacia Catalunya. Y soy consciente de que la decisión de enviar a los exgobernantes a prisión lo dificulta todo todavía más. Son las consecuencias de la ausencia de la política y de dejar en manos del Código Penal la solución de problemas políticos. Nunca debiéramos haber llegado hasta aquí. ¡Cuánto lo vamos a lamentar! Unos y otros.
Y finalmente, reconciliación con la Unión Europea. Hemos sembrado lo que más inquieta: la semilla de un nacionalismo desintegrador. La UE no se ha construido para crear más estados, sino para unificar los existentes. ¿De verdad no lo sabían? Y reconciliación con el mercado. No olvidemos el efecto Quebec. Las empresas han visto las orejas al lobo y lamentablemente las marcas Catalunya y Barcelona se resentirán por mucho tiempo.
Reconciliación, reconciliación y reconciliación. No será fácil. Aun siendo optimista, reconozco que estas semanas me acompaña un desasosiego pesimista. Me queda el obligado refugio que nos brinda aquella cita que nos recuerda que pesimistas y optimistas mueren por igual, pero los optimistas viven mejor. Facilitémonos, entre todos, una vida mejor. Así no podemos continuar.
"¿Dónde está la desproporción?" por Felix Ovejero / Alejandro Molina 02.10.2017 Es inconcebible que se pueda calificar de “error” o “torpeza” que las fuerzas del orden encargadas de ejecutar la resolución judicial de impedimento del “referéndum” cumplieran, precisamente, con su cometido. ¿Cuál es el error? ¿Que usaran la fuerza? Oigan, un antidisturbios no es un filósofo de la palabra que aborde su tarea por el método deliberativo de disuadir con argumentos a quien con su comportamiento delictivo se apodera ilegalmente de locales públicos. La fuerza del orden interviene cuando el delincuente, persistente en su conducta, ya se ha desentendido de la fase deliberativa, que precisamente ha concluido con una resolución judicial que ha sido desatendida: por eso sólo queda el recurso de la fuerza. Porque el Derecho no es más que fuerza: es la regla que determina quién en un conflicto puede usar la fuerza y cuánta. Intelectualmente no se puede estar, como Pedro Sánch...
“Los estadounidenses son libres, en resumen, de estar en desacuerdo con la ley, pero no de desobedecerla. Pues en un gobierno de leyes y no de hombres, ningún hombre, por muy prominente o poderoso que sea, y ninguna turba por más rebelde o turbulenta que sea, tiene derecho a desafiar a un tribunal de justicia”. “Si este país llegara al punto en que cualquier hombre o grupo de hombres por la fuerza o la amenaza de la fuerza pudiera desafiar largamente los mandamientos de nuestra corte y nuestra Constitución, entonces ninguna ley estaría libre de duda, ningún juez estaría seguro de su mandato, y ningún ciudadano estaría a salvo de sus vecinos” John F. Kennedy
"Catalunya no és Girona" por Albert Soler 27.10.2017 El mínim que pot passar si poses de president un noi de poble que venia a Girona per instal·lar-se a la barra del Boomerang, és que porti Catalunya al desastre. No és que el càrrec de president li vagi gros, és que en Puigdemont governant és un oxímoron amb potes. Ja sé que va ser un temps alcalde de Girona, però això no és res. Governar Girona ho pot fer un mico borratxo, per als gironins tot el que faci l'alcalde està sempre bé mentre no molesti gaire. Al pobre Puigdemont ningú li va dir que governar Catalunya és diferent. Que hi ha una cosa que es diuen lleis. Que n'hi ha una altra que es diu realpolitik . Que no és suficient posar-se èpic al Twitter o anar a algun acte cultural i deixar-se fotografiar. Això val a Girona. Si presideixes Catalunya, no pots renunciar a salvar els mobles -el que queda d'ells- amb eleccions, argumentant que l'altra part no accepta el que demanes, i no concretar què...
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